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La matanza de delfines en Taiji, es doblemente cruel. No sólo es horrible el modo en que los pescadores masacran a estos animales, golpeándolos, apuñalándolos y arponeándolos hasta que mueren desangrados. Lo más cruel de todo, es que para retener a los delfines, suelen herir a un miembro de la familia, sabiendo que los demás no le abandonarán y se quedarán a su lado, para intentar defenderle, ayudarle, aún sabiendo que van a correr su misma suerte.

Si has tenido la suerte de ver delfines en libertad, no necesitarás que te hablemos de ellos. Su sociabilidad, que les hace acercarse a los barcos en alta mar, lucirse con sus saltos, sus risas y sus acrobacias, mirándonos como si sonrieran, es lo que les hace tan vulnerables ante la crueldad del ser humano.

Los delfines viven en grupos, en familias. Los mayores protegen a los ancianos y a los pequeños. Aunque aún no hayamos podido descifrarlo, sabemos que se comunican mediante un lenguaje complejo, y que incluso cada miembro de una familia, responde a un sonido concreto, a un nombre.

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La fascinación que nos producen, nos lleva a confinarlos en zoológicos y acuarios, condenándolos a una vida triste y solitaria, obligándoles a hacer las acrobacias como si fueran payasos, sólo para divertir a gente que no sabe apreciar la tristeza en sus ojos, que ríen y aplauden ante uno de los espectáculos más tristes del mundo.

Quien haya visto a un delfín en libertad, con sus ojos inteligentes y cómplices y su enigmático lenguaje, sabe, sin tener que pensarlo o leerlo en ningún sitio, que la frontera entre animales humanos y no humanos es tan sólo una delgada línea, que las diferencias entre ellos y nosotros, sólo están en la pequeña y obtusa mente humana, que este año teñirá de rojo las bahías de Japón.

Además, desde la Fundación Equanimal queremos recordar que la matanza de los animales no se limita a los delfines. Diariamente son cientos de millones los animales de todo tipo de especies los que son explotados hasta la muerte. Todos ellos necesitan nuestra ayuda.

Las razones que nos mueven a luchar en su defensa es que al igual que nosotros, ellos son capaces de sentir. Sienten el indescriptible dolor de ver morir a los suyos en el matadero, antes de que llegue su propio turno. Y al igual que nosotros, ellos son capaces de disfrutar. Disfrutar de una vida en libertad junto a los suyos, justo como nos gusta a cualquiera de nosotros.

Entre todos y todas podemos acabar con la matanza de delfines. Únete a Equanimal y ayúdanos a defender a los animales.